domingo, 14 de febrero de 2010

Los insectos

LOS INSECTOS

A José Mana de Cossío

Me están doliendo extraordinariamente los insectos,
porque, no hay duda, estoy desconfiando de los insectos,
de tantas advertencias, de tantas patas, cabezas y esos ojos,
oh, sobre todo esos ojos
que no me permiten vigilar el espanto de las noches,
la terrible sequedad de las noches, cuando zumban los
insectos,
de las noches de los insectos,
cuando de pronto dudo de los insectos, cuando me
pregunto: ah, ¿es que hay insectos?,
cuando zumban y zumban y zumban los insectos,
cuando me duelen los insectos por toda el alma,
con tantas patas, con tantos ojos, con tantos mundos de
mi vida,
que me habían estado doliendo en los insectos,
cuando zumban, cuando vuelan, cuando se chapuzan en
el agua, cuando...
¡ah!, cuando los insectos.

Los insectos devoran la ceniza y me roen las noches,
porque salen de tierra y de mi carne de insectos los insectos.
¡Disecados, disecados, los insectos!
Eso: disecados los insectos que zumbaban, que comían,
que roían, que se chapuzaban en el agua,
¡ah, cuando la creación!, el día de la creación.
Cuando roían las hojas de los insectos, de los árboles
de los insectos,
y nadie, nadie veía a los insectos que roían, que roían
el mundo,
el mundo de mi carne (y la carne de los insectos),
los insectos del mundo de los insectos que roían.

Y estaban verdes, amarillos y de color de dátil, de color
de tierra seca los insectos,
ocultos, sepultos, fuera de los insectos y dentro de mi
carne, dentro de los insectos y fuera de mi alma,
disfrazados de insectos.
Y con ojos que se reían y con caras que se reían y patas
(y patas, que no se reían), estaban los insectos metálicos
royendo, royendo y royendo mi alma, la pobre,
zumbando y royendo el cadáver de mi alma que no zumbaba
y que no roía,
royendo y zumbando mi alma, la pobre, que no zumbaba,
eso no, pero que por fin roía (roía dulcemente),
royendo y royendo este mundo metálico y estos insectos
metálicos que me están royendo el mundo de pequeños
insectos,
que me están royendo el mundo y mi alma,
que me están royendo mi alma toda hecha de pequeños
insectos metálicos,
que me están royendo el mundo, mi alma, mi alma,
y, ¡ah!, los insectos,
y, ¡ah!, los puñeteros insectos.
Dámaso Alonso

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